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bit! 260414'2058-2247_fhermidan

Tue, 04/14/2026 - 9:54pm by felipe hermida

bit! 260414'2058. abro un procesador de texto de un lado, y la página con la instalación por defecto del otro. me debería cortar las uñas. no. debería teclear sin inventarme presocupaciones, bizarras, además. se me ocurre que debería instalarle y activar el módule Blog, para que este texto quede organizado en alguna parte, pero seguramente puedo hacer eso con views, o tal vez no. de qué va este sitio, con sus módulos y estos textos, éste texto, para ser preciso. no lo sé. la verdad lo he creado y desinstalado tantas veces que puede que sea un esfuerzo en vano, como siento a veces la necedad de producir algo, lo que sea, un proyecto digital, un trabajo de escritura, que se consolide dentro de mi apreciación de evanecencia, como un hito, del desarrollo, web, del desarrollo, mío, como desventurado acumulador de esfuerzos con caducidad en el área de la insignificancia, así como me he inventado mi puesto de trabajo, juego con quejarme de la insensatez que yo mismo, en limitadas elecciones, he inventado para mí. 2007. marco la hora y sigo. porque deberé parar el reloj en poco, deponiendo delante del texto las palabras que se salen de mis funciones; será hablar de módulos de un programa de publicación web, será la insignificancia, la caducidad. escribo. porque la angustia se ha vuelto cada vez más acusiante, la angustia acusia, la retaíla de. 2111. deberes. 2125. tengo refundido todo, las listas, los pares de todos los calcetines, los lápices y los esferos, la simpatía, las suelas de los zapatos embarradas de mordacidad, los gerundios, las apetencias, los puntos a la línea, la tolerancia a la lactosa, los sueños, mis noches sufren de embotamiento y yo aparezco a media lengua a quejarme del sol. no sé, no quiero, poner mayúsculas, me agravia la sintáxis, me merodea sin jamás dejarse tocar la forma argumental, soy un escritor más literario que académico, en el sentido más banal del término, atareado usufructuando palabras inmerecidas que sin asomo de eficiencia desaparecen, desaparecerán mañana, más de lo que pueden existir ahora, en el papel, electrónico, en que las convido a imperturbar el breve contorno de la cadencia que las escribe, a ser pertinentes, a aludir a un paisaje sonoro, descargarse en una página pública, algunas de ellas inepocales y acatadas, otras irrestrictas, ergótica del razonamiento oscurantista, aservo de la neurosis y de su clima, de los coros de las gargantes catedralicias, los caminos empedrados, los frailes ebrios desde una montaña, el monacato, la lista de objetos perdidos sin remitir a lugar, tiempo, acción, dramaturgo de marionetas, se acomoda la toga, se acuerda de las puntas de tantos lápices que no perdonan una sola caída, y se acongoja, de la inservidumbre, él, anarco, que había nacido para servir, tan inservible, que a pesar de sí, concierne a los melandros de capa caída, aunque su crimen, siempre involuntario, sea poseer su tiempo, y desgastarlo, afilandose las uñas en un teclado malsonante por su afán de cadencia, y sigue, aunque siga la vergüenza, diciendo, que lo suyo, y quien es eso, una literatura que trabaja, una literatura, en el sentido más banal del término, trabajando, en búsqueda de ser oficio y jornada, de acuñar un salario, uno infame, de irse haciendo como las fogatas, primero con ramitas pequeñas encendidas con mucho periódico, no es momento de bravear, o tontear, incidiosamente, siempre, la mala leche se derrama de las lágrimas de la mueca, y soplar, allí va el primer escrito de algo del que no puedo volver atrás, no puedo permitirmelo, ni es otra cosa que esto, yo, una literatura que trabaja, en su oscurecida gruta en la montaña, admirando las máquinas catedralicias, las lenguas de fuego de las gárgolas, el cielo encendo, la frivolidad de decir nada, y la admirable tenacidad por seguir pese a todo, multitudes juergan, guiñoles traman sátira, yo me aguo en la penuria de armar texto, aunque, y lo digo sin ninguna fé en lo que viene después, tengo ideadas estrategias de escritura, como siempre, han fallado, por lo cual no tiene mucho sentido ennumerar las pocas listas que me quedan, la verdad es una lista con un ítem. no importa qué haga mientras escribas. puedo abrir libors, resumenes, artículos de la wikipedia. puedo. no importa no ser absolutamente preciso con referenciar textos de otros lados; de alguna manera escribir es también mirar objetos dentro de uno, y el teclado, las manos salpicando insumos por formarse en la lejanía de una página incorregible, como el niño de la película, y eso está bien. encontrar que ciertas cosas que no importan me da cierta tranquilidad. también saber que escribo para entenderme yo. porque a ala larga este texto es un ejercicio espiritual que cumple una función reconciliadora con la improductividad, que enloquece, producir y destruir, enloquece menos, escribir cura al menos la angustia laboral del desempleo. la angustia salarial, no. obviamente. si buenas vengo para lo de la publicación de un libro, que no existe, nunca ha existido, me vengo a endeudar con ustedes por palabras, por cientos de miles de palabras si me sacan del desaucio, la deuda textual contrastada con la bancaria, acá. bloguero. pero al menos no bodeguero. chispún. cada vez más lejos de las palabras de varias silabas que decías que te hacian una literatura que trabaja banal. para quien trabaja. que habilidades tiene. como se desempeñó en su último trabajo. a qué se refiere con que es una literatura. son dedos sobre un teclado creando frases no del todo incoherentes. quedándose sobre el teclado las horas de la actividad. releyendo, ja, ni que fuera literatura. y entonces, si no sabemos para quién trabajas, qué vendes, quien consume lo que produces. yo. me consumo deshojando este escrito a la expectativa de que algo parecido a algo, como la inspiración, un arco, una descripción, aparezcan. y si no aparece, pues quedarme en el diálogo interior aunque repita siempre la misma canción, seguir, seguir. 2214. la soledad de apagar las voces parasociales desconsuela. debería acompañarme de animales sociales muertos. prefigurar mi atención, instrumentalizar los recursos, acompañan, pero la compañía debería ser yo mismo, la literatura trabajando debería ser interlocutor suficiente. me atrevo a abrir algún texto. me dejo distraer eternamente. estoy esforzándome por fijar el tiempo en un escrito que me deje ser su escrividor. mañana serlo nuevamente, uno de estos días enterarme de que disfruto el tiempo conmigo mismo, y puedo pasarme las horas encontrandole alguna afinidad a mi diálogo interior. la página para organizar el desorden de vida que tengo. para afinar el oído a mis propias interlocuciones, domar la injuria, calmar la réplica malsonante, preparar una pócima de letras, transformar la bestia que somos, así sea, lo digo con la mayor seriedad que puedo, para el que no fui, sabiendo que nunca habría podido serlo, que fui atrapado por la costumbre como cada cual, y sólo puedo escribir para las generaciones que tienen posibilidad de ser, reconocer el punto ciego desde donde me determino a darle lenguaje a lo que no quiero aceptar que soy, a que escribo desde la represión, y mis palabras trabajan evasivamente para dejarme llevarle la cadencia al baile de la feria, en que asoman los artesanos, los burgomaestres, las carretas sonoras, todas con voces huérfanas de la pesadumbre del poliedro insensible que nos dota de roles del espectáculo público, con las certidumbre de que las voces son emitidas por un animal que sufre, pero pronunciadas por un desconcierto estridente de sentido, y las oportunidades de emergencia de un enunciado se distribuye siempre en el mercado ficcional de las necesidades de nuestros personajes. sé qué estoy diciendo? que nadie es nadie. que los enunciados no tienen emisor. que el sentido conspira necesidad y se infunda por la posición de la costumbre y la represión sexual y política. sublimada la violencia. castigado el infractor. la obra llega a su cenit con el descolgado del cadalso. el tarot se diluye en las prosedencias, vienen adalides de vivencias personalisimas, de parajes insondables en su relación con el suelo, el arbol, el río, la nube. pero la comarca incide implacablemente. poluye los seres en todas las entonaciones que debrieron ser cantadas. la gramática musical deforma los cantos. la catedral poliédrica repliega cada pliegue de la mueca. todos somos los mismos. el carnaval ríe, llora, las madres del ahorcado se desmayan, la proseción de la investidura pulsa sus fuerzas contra el grito sin boca, el texto regurgita mi carta, me depone bajo una carta sin destapar, no hay afinidad con el texto, no sé cómo seguir. 2247.

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